El caso que investiga la muerte de Ada Barrozo Quilo, ocurrida el 11 de marzo en Caleta Olivia, sumó en las últimas horas nuevos elementos que ponen en duda la versión del principal sospechoso. La mujer tenía 44 años, era madre de una joven de 20 y trabajaba en una panadería, donde cumplía turnos de madrugada.

“Soy gordo y la aplasté sin querer”, declaró ante la Justicia Sergio Navarro, de 34 años, quien quedó imputado por el hecho. Según su relato, ambos mantenían un encuentro sexual cuando la situación derivó en la muerte de la mujer.

En un primer momento, los investigadores evaluaron la posibilidad de un paro cardiorrespiratorio. Sin embargo, el informe forense fue contundente: la causa de la muerte fue asfixia mecánica. Los peritos detectaron un cuadro de extrema violencia física, con nueve costillas fracturadas, perforaciones en ambos pulmones y edemas internos, lesiones que no se corresponden con un accidente.

El episodio ocurrió en una vivienda de la calle Las Margaritas al 1500, en el barrio 132 Viviendas. De acuerdo con la reconstrucción, Navarro aseguró inicialmente que intentó reanimar a la víctima mediante maniobras de RCP, aunque luego modificó su versión y afirmó que todo se produjo de manera accidental. “La aplasté sin querer”, insistió.

No obstante, una pericia determinó que para provocar ese nivel de daño se habría necesitado ejercer una presión sostenida durante más de cinco minutos, lo que debilitó la hipótesis del imputado. Además, los investigadores detectaron lesiones en las manos del acusado compatibles con mordeduras, indicio de que la mujer podría haber intentado defenderse.

Para la querella, encabezada por la abogada Pamela Pérez, estos elementos sugieren que pudo haber existido una maniobra de sometimiento. No se descarta que el acusado haya obstruido las vías respiratorias de la víctima o ejercido una presión directa que derivó en la asfixia.

Un contexto previo de violencia

La investigación también sacó a la luz antecedentes de violencia de género en la relación, que llevaba cinco años. Testimonios de allegados y compañeros de trabajo describieron episodios de maltrato físico, psicológico y económico.

Una compañera de la panadería recordó haberle señalado un golpe visible: “Mirá el moretón que tenés ahí, Adita”, a lo que Ada respondió: “Vos no te metas”. Según la querella, la mujer había reducido su rendimiento laboral y en ocasiones faltaba porque Navarro se lo impedía.

Los relatos también dan cuenta de situaciones de control y aislamiento. Incluso, se investiga si en alguna oportunidad el acusado llegó a bloquear la salida de la habitación colocando un mueble. “Ella le tenía miedo”, afirmó Pérez.

Dudas sobre la escena y el cambio de imputación

Otro punto bajo análisis es lo ocurrido inmediatamente después del hecho. En lugar de comunicarse con emergencias, Navarro golpeó la pared del dúplex para alertar a una vecina, quien finalmente realizó el llamado. Cuando un testigo intentó ingresar, encontró la puerta cerrada y tuvo que entrar por una ventana, lo que generó más interrogantes.

La causa tuvo varios giros en su calificación. En un inicio se investigó como averiguación de causales de muerte, luego como homicidio culposo y, tras nuevas pruebas, fue recaratulada como homicidio doloso doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género.

En paralelo, la semana pasada se llevó a cabo la exhumación del cuerpo para profundizar los estudios forenses. Los restos fueron trasladados a Río Gallegos, donde los especialistas intentan determinar con mayor precisión la mecánica del hecho. “Todavía no se sabe si la aplastó con una almohada”, explicó la abogada. También señaló: “Tampoco todavía no sabemos si fueron consentidas o no las relaciones sexuales”.

Mientras avanzan las pericias, Navarro permanece detenido en la comisaría 4ª de Caleta Olivia, con la excarcelación denegada, a la espera de nuevas definiciones judiciales.